La criatura de las sombras
Es una criatura sigilosa y cruel, no distingue edades
o género, ataca a todo aquel que pueda y lo hace sin piedad. Antes no lo
comprendía, ¿cómo podría? Caí en sus juegos aun siendo una niña, cuando apenas
aprendía la forma en que funcionaba el mundo. No sé en qué momento apareció,
tal vez me acechaba desde tiempo atrás, sólo sé sobre el temor que me provoca
su regreso.
Las personas saben de ella, algunas no creen que sea
real, otras piensan que es fácil de derrotar. Es duro de entender cuando no has
sido testigo de su destrucción; actúa como un huracán, arrastrando todo a su
paso.
Se escondía entre las sombras, esperando el momento de
atacar. Es curioso que las circunstancias se alinearan para ayudarla: los
problemas familiares, los conflictos en la escuela, las heridas pasadas que
nunca fueron sanadas. Las llamas crecían, aumentando el frío que mi cuerpo
sentía.
Me apresó en sus brazos, me hizo sentir desolada, sin
salida. Completamente sola en una prisión invisible. Es sádica, pero tan sutil
que no te das cuenta de su presencia; susurra a tu oído, envenena tus
pensamientos para derrotar tus barreras y dejarte sin protección ante sus
vilezas.
“Estás sola,” susurra y le crees. Crees cada una de
las palabras que escupe. Alrededor hay personas que te demuestran lo contrario,
pero un pequeño paso en falso y crees que todo ello es una mentira. Ella tiene
razón. Estás sola y eres débil. No puedes luchar.
Algunos días te amarra de brazos y piernas a los
soportes de la cama, no te deja levantarte. Al inicio intentas pelear, intentas
deshacer tus ataduras. No logras hacerlo. Te quedas quieta pensando en el
motivo por el que quieres huir de ella, tal vez sería más sencillo rendirse ante
su crueldad.
Pero ella sólo va iniciando, le gusta arrancar hasta
la más pequeña esperanza escondida en ti. Entonces, comienzan otros tipos de susurros,
los más sombríos. “A nadie le importaría si no estás,” susurra, una y otra vez,
sin parar, hasta que comienzas a ser tú quien lo está repitiendo.
Es perversa la forma en que trabaja, ella siembra la
semilla, la riega para que cada día sea más grande y pronto se transforme en
una planta, podrida, pero fuerte. Sin embargo, no le gusta hacer el trabajo
sucio, eso te lo deja a ti. Te da ideas, por supuesto, pero está en tus manos llevarlas
a cabo.
Es en ese momento donde encuentra la última barrera de
la fortaleza, si se destruye, ella gana y tú pierdes. Algunas veces el material
con el que está hecho es débil, es simple tirarla hasta los cimientos, entrar y
quemar todo, no dejando más que cenizas.
Algunas otras, el material es sólido. La criatura
golpea con todas sus fuerzas, crea fisuras por las que intenta pasar, pero
dentro de la fortaleza algo pasa. Una luz se enciende, los pasillos se iluminan
y el hoyo sin salida parece no ser tan profundo como antes. Todas las barreras
se alzan de nuevo, ella sale despedida por los aires. La has derrotado. Esta
vez tú has ganado.

No hay comentarios: