La criatura de las sombras

agosto 03, 2020


Es una criatura sigilosa y cruel, no distingue edades o género, ataca a todo aquel que pueda y lo hace sin piedad. Antes no lo comprendía, ¿cómo podría? Caí en sus juegos aun siendo una niña, cuando apenas aprendía la forma en que funcionaba el mundo. No sé en qué momento apareció, tal vez me acechaba desde tiempo atrás, sólo sé sobre el temor que me provoca su regreso.


Las personas saben de ella, algunas no creen que sea real, otras piensan que es fácil de derrotar. Es duro de entender cuando no has sido testigo de su destrucción; actúa como un huracán, arrastrando todo a su paso.


Se escondía entre las sombras, esperando el momento de atacar. Es curioso que las circunstancias se alinearan para ayudarla: los problemas familiares, los conflictos en la escuela, las heridas pasadas que nunca fueron sanadas. Las llamas crecían, aumentando el frío que mi cuerpo sentía.


Me apresó en sus brazos, me hizo sentir desolada, sin salida. Completamente sola en una prisión invisible. Es sádica, pero tan sutil que no te das cuenta de su presencia; susurra a tu oído, envenena tus pensamientos para derrotar tus barreras y dejarte sin protección ante sus vilezas.


“Estás sola,” susurra y le crees. Crees cada una de las palabras que escupe. Alrededor hay personas que te demuestran lo contrario, pero un pequeño paso en falso y crees que todo ello es una mentira. Ella tiene razón. Estás sola y eres débil. No puedes luchar.


Algunos días te amarra de brazos y piernas a los soportes de la cama, no te deja levantarte. Al inicio intentas pelear, intentas deshacer tus ataduras. No logras hacerlo. Te quedas quieta pensando en el motivo por el que quieres huir de ella, tal vez sería más sencillo rendirse ante su crueldad.


Pero ella sólo va iniciando, le gusta arrancar hasta la más pequeña esperanza escondida en ti. Entonces, comienzan otros tipos de susurros, los más sombríos. “A nadie le importaría si no estás,” susurra, una y otra vez, sin parar, hasta que comienzas a ser tú quien lo está repitiendo.


Es perversa la forma en que trabaja, ella siembra la semilla, la riega para que cada día sea más grande y pronto se transforme en una planta, podrida, pero fuerte. Sin embargo, no le gusta hacer el trabajo sucio, eso te lo deja a ti. Te da ideas, por supuesto, pero está en tus manos llevarlas a cabo.


Es en ese momento donde encuentra la última barrera de la fortaleza, si se destruye, ella gana y tú pierdes. Algunas veces el material con el que está hecho es débil, es simple tirarla hasta los cimientos, entrar y quemar todo, no dejando más que cenizas.


Algunas otras, el material es sólido. La criatura golpea con todas sus fuerzas, crea fisuras por las que intenta pasar, pero dentro de la fortaleza algo pasa. Una luz se enciende, los pasillos se iluminan y el hoyo sin salida parece no ser tan profundo como antes. Todas las barreras se alzan de nuevo, ella sale despedida por los aires. La has derrotado. Esta vez tú has ganado.


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